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jueves, 11 de noviembre de 2010

LOS INVISIBLES









Cada año, decenas de miles de personas dejan atrás sus hogares en Centroamérica y atraviesan México como migrantes irregulares. Viajan con la esperanza de llegar a Estados Unidos y de ver cumplida allí la promesa de trabajo y de una nueva vida. Pero con demasiada frecuencia sus sueños se convierten en pesadillas al afrontar uno de los viajes más peligrosos del mundo. El actor y productor mexicano, Gael García Bernal en colaboración con Amnistía Internacional, ha grabado un viaje lleno de abusos, secuestros, violaciones e incluso asesinatos a través de cuatro cortos, llamados Los Invisibles.


En este enlace http://www.es.amnesty.org/losinvisibles/ se pueden ver los otros tres cortos grabados por el actor Gael García Bernal.


Debemos dejar de ser invisibles. Así es como acaba el último de los cortos. Sin embargo, ¿es fácil ser visto en el mundo actual? Creo que no a tenor de todas las legislaciones que se están aprobando en contra de la migración. Un ejemplo, EEUU. El pasado mes de junio entró en vigor la Ley de Arizona SB1070 o ley 'Apoye nuestras fuerzas de orden público y los vecindarios seguros' que permite a la policía detener a cualquier persona si hay "sospecha razonable" de que es inmigrante ilegal, aunque es importante señalar que una persona nunca puede ser ilegal, el problema es que su uso se ha generalizado en los medios de comunicación y en la política fomentando aún más la criminalización y discriminación del migrante. Por supuesto, no nos podemos olvidar del movimiento Tea Party que en las últimas semanas, antes de las elecciones de noviembre, se jactaba de anunciar que "la única salida para los negros era la venta de drogas o el atletismo". Expresiones simplistas, sin fundamento y discriminatorias que han tenido sin embargo una escasa o nula repercusión en el mundo occidental. 
Pero, la verdad es que no tenemos que cruzar el charco para ser testigos de este tipo de medidas. En Italia, Il Cavaliere, Silvio Berlusconi,  propuso la política del 'chivo expiatorio' o Nicolás Sarkozy en Francia que continúa con la 'repatriación', según el gobierno, de los gitanos rumanos. Y es que, si una cosa nos ha quedado clara durante estos últimos meses es que estas expulsiones sólo eran de gitanos y de Rumanía. ¡Qué triste! Y a esto le llamamos información o periodismo serio. 
Y como no, España, ¿qué pasa en Melilla? ¿cuántas personas mueren al año? ¿Cuál es la situación en los Centros de Internamiento para Extranjeros? ¿sale a luz pública que estas personas no pueden ser privadas de libertad y encarceladas como si hubieran cometido algún delito? ¿el delito es ser extranjero? Parece que sí. Sólo hay que ver la imagen que se nos proyecta de ellos: son personas que vienen a 'quitarnos' el trabajo. El problema es que nadie se acuerda de que España también fue un país migrante. 
¿Es posible dejar de ser invisible? Sigo pensando que no porque vivimos en una sociedad materialista, donde el concepto de empatía poca veces sale a relucir, desigual donde la relación centro (mundo occidental)-periferia (resto de países) cada vez está más presente. Se apela continuamente a la globalización pero sólo en términos económicos puesto que difícilmente podemos referirnos a una globalización cultural y humanitaria. De otro lado, los discursos políticos que en materia de inmigración suelen afianzar la importancia de la multiculturalidad. Sin embargo, esto no es más que una utopía políticamente correcta. Y una última duda que me surge, ¿cómo sé que un inmigrante puede estar en situación irregular? Yo por lo menos no tengo la respuesta y más bien me recuerda a la 'caza de brujas'. 

jueves, 4 de noviembre de 2010

El "terror feliz" de un premio Nobel

Mario Vargas Llosa presenta en sociedad su nueva novela, 'El sueño del celta'


Mario Vargas Llosa
Fuente: http://robertos.blogsome.com/2006/02/13/vargas-llosa-en-el-2006/
Durante el invierno de 1885, catorce países, ninguno de ellos africano, se reunieron en Berlín para repartirse África. Entonces se decidió regalar el Estado Libre del Congo a Leopoldo II, rey de los belgas. Más de dos millones y medio de kilómetros cuadrados de tierra rica en caucho -85 veces el tamaño de Bélgica- fueron a parar a un hombre que había creado un aparato de propaganda para venderse a sí mismo como el redentor de un país al que pretendía sacar del atraso del canibalismo usando la rutilante fórmula de la letra ce: cristianismo, civilización y comercio.


Las casi 900 personas que recibieron ayer con un aplauso cerrado a Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) en los Teatros del Canal de Madrid escucharon en silencio al último premio Nobel de literatura, en conversación con Iñaki Gabilondo, hablar de su fascinación por Casement, un personaje real convertido en el protagonista absoluto de El sueño del celta (Alfaguara), la novela que tenía en la imprenta cuando hace casi un mes recibió en Nueva York la noticia del galardón.
Cuando Gabilondo le recordó el silencio literario al que los compromisos del premio habían conducido a muchos de los galardonados, el novelista peruano parafraseó a su maestro Flaubert -"Escribir es mi manera de vivir"- y añadió: "A la hora en que me encierro a escribir no hay Nobel que valga, empiezo a morirme de miedo y de inseguridad, también de placer. La escritura es un terror feliz".
Desde que recibió la madrugadora llamada del secretario de la Academia Sueca, los horarios de trabajo del escritor han saltado por los aires. Además Vargas Llosa confesó ayer que vive "un incómodo desequilibrio" desde que ganó el premio, con apenas dos o tres horas de sueño y problemas para trabajar, producto del acoso mediático. Ayer, pasado el mediodía, el escritor entraba en el auditorio de la Casa de América: allí le esperaban 200 reporteros que rompieron a aplaudir cuando le vieron.
"El mundo ha repetido su visita a Vargas Llosa", dijo Pilar Reyes, directora de la editorial Alfaguara, recordando las horas neoyorquinas que siguieron al anuncio del galardón. El sueño del celta llega a las librerías con una tirada de medio millón de ejemplares (la mitad distribuidos en España) que ayer mismo desembarcaron en 17 países de habla hispana, Estados Unidos incluido. Veintidós editores extranjeros trabajan ya en la traducción de la nueva obra de un clásico vivo que el próximo 10 de diciembre recibirá su premio en Estocolmo.
Después de contar que el anuncio del premio había interrumpido la redacción de La civilización del espectáculo, el ensayo en el que estaba trabajando cuando se levantó el "torbellino sueco", Vargas Llosa respondió a todo lo que le preguntaron pero guardó silencio sobre su discurso de recepción del Nobel. "Voy a guardar el secreto", dijo. Eso sí, aunque lleva cerca de un mes con la cabeza en las nubes no ha despegado los pies del suelo: "Nunca estuvo entre mis aspiraciones literarias ganar el Premio Nobel. Mis ambiciones eran mayores: yo quería escribir buenas novelas", afirmó ayer. "Mi ambición era que mis libros se leyeran como yo leía los libros que me cambiaron la vida".
Uno de ellos fue El corazón de las tinieblas, y en una biografía de su autor, Joseph Conrad, Vargas Llosa se topó con la fascinante figura de Roger Casement. Diplomático británico nacido en el Ulster, su conversión al nacionalismo irlandés tras la experiencia africana le llevó a conspirar con Alemania durante la I Guerra Mundial para impulsar la independencia de Irlanda. Aquella conspiración dio con sus huesos en una cárcel de Londres. "Fue un gran héroe moderno", le dijo Vargas Llosa a Gabilondo.
Hoy apenas nadie lo recuerda ni en África ni en Perú. El escritor lo comprobó cuando viajó a los escenarios de su novela. Comprobó también que buena parte de la situación actual del Congo viene de aquella "vertiginosa brutalidad" de hace cien años. Cuando el escritor viajó a aquel país para documentarse escribió también un reportaje que El País Semanal publicó en enero de 2009. Ayer recordó la que sería primera escena de aquel artículo: un campo para miles, de refugiados y el desgarrador aviso del doctor Tharcisse: "Lo peor no es esto, lo peor son las violaciones. Matan a más mujeres que el cólera, la fiebre amarilla y la malaria".

El escritor peruano, reciente ganador del premio Nobel de Literatura 2010, intenta rescatar del olvido a un país en el que, y aunque no lo parezca, hay muchos intereses en juego. Es cierto que el Congo no acapara las portadas de los periódicos y ya no digamos la de los telediarios. Sin embargo, es un país muy rico en recursos naturales y aquí es donde las grandes multinacionales juegan su partida. El Congo acapara casi el 80% de las reservas mundiales del coltán sí, ese material que sirve para fabricar móviles, ordenadores, satélites... en definitiva, un sinfín de aparatos electrónicos que están presentes en la cultura occidental y que sigue fomentando el consumismo. Pero, lo que para nosotros pueda resultar un 'lujo' para la población del país africano, especialmente para los niños, no es más que exclavitud y explotación. Quizás, la lectura de este libro, aunque mezcle ficción y realidad, nos puede aportar otra visión del mundo en el que vivimos pero, que a la vez desconocemos porque muchos piensan que lo que pasa al otro lado no interesa a nadie. Aquí adjunto el enlace de un artículo publicado en el diario Público sobre el coltán en el Congo. 
http://www.publico.es/ciencias/244572/coltan-el-futuro-insostenible